Porque todo lo que baja, tiene que subir… ¿o cómo era el dicho? La precipitada caída emocional de la semana anterior tuvo un impacto en las imágenes de ésta. Sin embargo, creo que hacia el final la tendencia comenzó a invertirse. Decidí continuar con la serie de dragones que se extenderá hasta la semana siguiente debido a mi letargo emocional con el que inicié esta semana. Aquí los detalles…

Día 15. 17 de septiembre de 2020

Cuando no he dormido más de dos horas y he llorado la mayor parte de la noche y el día y la noche de nuevo; ni el TNF me hace sonreír. Un día obscuro y turbulento emocionalmente hablando. Demasiadas cosas habían pasado por mi mente y me encontraba agotado, pero sin poder dormir. Así que sólo puse la cámara frente a mí y tomé una serie de fotografías mientras veía el juego. Con el celular en la mano esperando esa llamada que jamás llegó.

Es difícil verme en este estado, pero sé que, si hoy me encuentro en una situación en la que la tristeza inunda mi ser, es porque yo tomé las decisiones que me han traído hasta aquí. Los días obscuros y turbulentos también hay que saborearlos porque de ellos salgo revitalizado.

Día 15. 17 de septiembre de 2020

Día 16. 18 de septiembre de 2020

Otra noche sin dormir, aferrándome a los recuerdos y tratando de darle sentido a toda esta situación. En días como este quisiera claudicar y olvidarme de todo esto. No hay nada creativo en sólo acostarme en un lugar u otro. Pero, de algún modo, dentro de mi agonía encuentro la convicción de, al menos, peparar la cámara y tomar fotos mientras me tiro en la cama a llorar y drenar todas estas emociones.

La razón de tomar esta foto en mi habitación yace en la pared. El Ave Fénix… ya habrá tiempo de hablar de él. Y si los dragones son la manifestación de mi mente e intelecto; el Ave Fénix lo es de mi espíritu y corazón.

Día 16. 18 de septiembre de 2020

Día 17. 19 de septiembre de 2020

Hoy decidí salir por unas horas del departamento. Cuando paso semanas encerrado, llego a perder toda noción del tiempo. Llevé mi cámara conmigo, pero no tomé ninguna fotografía. Mi estado anímico no era el mejor.

Sin embargo, ya estaba pensando demasiado las cosas y era importante detenerme por un instante para replantearme la situación. Al final, no cambiaré nada, pero puedo afrontarla estoicamente y, en el proceso, mejorar como persona.

Hace tiempo que no jugaba con fuego, literalmente, porque figuradamente, sí… y me quemé. Pero esta vez la ciencia estaba de mi lado y decidí hacerlo. Lo cierto es que el tema central de la imagen no soy yo, sino el símbolo que reutilizo de mi proyecto anterior. Lo que la imagen pretende capturar es mi voluntad por indagar en los rincones más profundos y obscuros de mi ser. Porque para poder preparar esta imagen tuve que reflexionar sobre lo que me aqueja, la situación, mis sentimientos. Y una vez que llegué a una conclusión, decidí abrir la caja de Pandora y revisar las fotografías que ahí conservo. Mirar a ese pasado lleno de dicha.

Pero necesitaba ese símbolo de poder, de energía y fue cuando se me ocurrió prenderme fuego (porque siempre es lo más razonable… ¿qué podría salir mal?). La ciencia detrás es muy simple, pero tiene un impacto sorprendente. De algún modo busca representar mi capacidad de encender mi llama nuevamente y volver a brillar, aunque sea por un instante.

La imagen es ambigua deliberadamente. Es el espectador quien interpreta la situación y se cuenta la historia que más le agrade. Para mí significó encontrar el camino que he de seguir de ahora en adelante. Definitivamente esa llamarada me ayudó a sacudirme ese letargo emocional que me consumió los últimos días.

Día 17. 19 de septiembre de 2020

Día 18. 20 de septiembre de 2020

Hay quienes me llaman pragmático, hay quienes me han dicho que simplifico todo. Y, sí, quizá tengan razón. He aprendido a ser reduccionista, pero lo que quizá no saben es todo el proceso que hay detrás y que, de algún modo, las últimas imágenes han documentado.

Los últimos días se han convertido en una serie fotográfica que refleja justamente ese proceso. Al final, sigo siendo humano (aunque muchas veces no lo parezca). He enfrentado la depresión; aun a veces me siento muy triste; hay muchos días en los que lloro. Pero aquí sigo. Hay quienes se encuentran pasando por momentos difíciles y me preguntan cómo lo hago… bueno, esta es la historia de esta última tristeza que hoy intento dejar atrás.

Sin importar si he dormido sólo un par de horas, el despertador sonará a las 0500 hrs. Unos minutos después ya tendré un libro en las manos y comenzaré a caminar mientras leo. Prefiero hacerlo al despertar por dos razones. Primera, los temas que leo regularmente tienen que ver con física cuántica, cosmología, astrofísica o cualquier otro tipo de ciencia compleja que requiere mi completa atención. Mientras camino oxigeno mi cerebro y eso me permite entender mejor lo que busco aprender. Segunda, en esas dos horas antes de iniciar mi día, mi cerebro suele explotar por algún concepto o algún entendimiento nuevos que adquiero del universo. Después de eso, el resto del día es pan comido. Para cuando entro a la ducha ya aprendí algo nuevo en el día y eso significa que, si tengo suerte, en más de un día de mi semana aprenderé más de una cosa.

Muchas personas me han cuestionado por qué leo sobre esos temas. Y comprendo sus cuestionamientos, no es que entender la inflación eterna represente una ventaja competitiva en mi vida cotidiana. Sin embargo, si tiene un impacto en la filosofía de vida que he construido y en mi actitud ante mis problemas.

Por ejemplo, ayer justamente una amistad me decía que estaba teniendo muchos pensamientos tristes. Yo le dije que, si ya no quería tener esos pensamientos, entonces se entretuviera con otros. E hice dos preguntas relacionadas con el tema que he estudiado este mes: ¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro? ¿Cuáles serían las implicaciones de que sucediera al revés?

Después de un intercambio muy breve de mensajes en los que cuestioné sus respuestas, con la única intención de estimular su curiosidad; su visiblemente irritada respuesta fue: “Porque así es y ya”. Lo cuál me pareció lamentable.

Las preguntas están relacionadas con la flecha del tiempo y es un acertijo que no requiere telescopios ni experimentos costosos para apreciar sus implicaciones; basta con entrar a la cocina, tomar un par de huevos, un poco de café y una taza con leche, al finalizar el resultado será un rico desayuno. Como dijo Richard Feyman “El universo entero está en una copa de vino, si la miramos lo suficientemente cerca”.

Parecerá que estoy siendo duro con esa amistad que no quiso cuestionarse más sobre la flecha del tiempo. Pero comprender una característica profundamente desconcertante de la naturaleza puede pasar por muchas etapas: podemos estar completamente desorientados; quizá podemos describir el problema, pero no tenemos ninguna buena idea de cómo resolverlo; quizá podamos tener varias soluciones razonables, pero no tenemos certeza de cuál (si existe alguna) sea la correcta; o quizá ya lo tenemos todo resuelto. Desde mi punto de vista, entender algún problema emocional, laboral o existencia en mi día a día puede ser sometido a un proceso de entendimiento similar. De esta forma, si alguno de mis problemas lo clasifico en la segunda o tercera etapa, entonces me queda claro que debo de esforzarme por definir claramente el problema, antes de obsesionarme con alguna de las posibles soluciones.

Es cierto que bien podría no cuestionar las cosas y simplemente aceptarlas como son o como me dijeron que son. Pero como resultado de mi deseo por ser mejor, de realmente comprender el universo en lugar de simplemente aceptarlo; he descubierto mucho más de lo que alguna vez pude haber pedido. Ese es el beneficio de buscar un mayor entendimiento, en lugar de conformarme con lo que la gente me ha dicho. La curiosidad y el verdadero entendimiento me han llevado a lugares a los que no sabía que quería ir. Los mecanismos para adquirir ese conocimiento me han enseñado más que el simple hecho de comprender datos duros como que el universo ha existido por 14 mil millones de años.

El principio de Copernico “No ocupamos un lugar favorecido en el universo”, no sólo me sirve tenerlo presente durante investigaciones científicas, sino todo el tiempo. Si soy capaz de dejar de anteponer mis anhelos y necesidades sobre los de todos los demás, quizá tenga una mayor oportunidad de encontrar una solución razonable a mis problemas.

Mientras más comprendo sobre el universo, me descubro más pequeño y periférico para su funcionamiento. Y eso está bien. Sólo soy una bolsa de partículas a la que le ha tocado existir durante el inevitable incremento de entropía.

El propósito y significado de mi vida no los encuentro en las leyes de la naturaleza, o en los planes de algún agente externo que hizo las cosas de la forma que se manifiestan; es mi deber crearlos. Y uno de esos propósitos, entre muchos, proviene de mi impulso por explicar el mundo a mi alrededor, de la mejor forma posible. Si mi vida es breve y sin dirección, al menos puedo enorgullecerme de mi valentía al luchar por entender cosas mucho más grandes que yo.

Hoy mientras leía sobre el espacio de Sitter y la posibilidad de que existan “universos bebés” (no confundir con “universos de bolsillo” de la inflación eterna) que inician en un estado denso y de baja entropía, y que tienen su propia flecha del tiempo local conforme se expanden y enfrían; tuve esta reflexión sobre como puedo aplicar este nuevo entendimiento como una analogía de mi situación. Hoy simplemente cada uno vive en su universo independiente del otro, con su propia flecha del tiempo. Yo en mi universo puedo vivir las cosas como siempre las he soñado; ella en su universo las puede vivir de la forma que siempre las ha deseado. Posturas que son incompatibles en un mismo universo pueden existir en universos independientes e incomunicados.

La foto de hoy busca capturar esa epifanía que me hace mirar hacia ese horizonte independiente en el que puedo vivir mi sueño y dejar la tristeza atrás. Por eso me fascina leer tanto, jamás habría imaginado que la respuesta a mis dilemas de amor los encontraría mientras estudiaba cosmología, y en esa búsqueda por comprender por qué recordamos el pasado en lugar del futuro. Es la curiosidad la que me mantiene con vida, la que me saca de la cama a las 0500 hrs y, muy probablemente, la que ha salvado este proyecto.

Día 18. 20 de septiembre de 2020

Día 19. 21 de septiembre de 2020

Originalmente no había pensado en incluir los rompecabezas en la serie de dragones, pero dada la abrupta interrupción, me pareció un buen ejercicio de transición. Hoy definitivamente soy más el dragón negro que el blanco, pero me fascina contemplarlos y reflexionar sobre el gran significado que tienen en mi vida y como es que cierta parte de mi la identifico como uno de ellos.

Este día estuvo lleno de pensamientos alrededor de cómo es que he aprendido a reducir mis problemas, a controlar mis emociones. Sí, aún tengo días tristes y sé que de esos habrá más por delante, pero he aprendido a crear un sentido y un propósito en mi vida. Alguien me dijo: “Sientes rápido”.

Sí, quizá tenga razón, pero más que sentir rápido; es consecuencia de cuestionarme el sentido que tiene sentirme de una u otra forma. Si después de un par de días ha perdido el sentido llorar, entonces no hace falta seguirlo haciendo. La pregunta es… y ¿cómo sé si ya no hace sentido? En mi caso, la respuesta es haciéndome preguntas; cuestionando inquisitivamente mis propias creencias, mis motivos, mis sueños, mis anhelos.

Día 19. 21 de septiembre de 2020

Día 20. 22 de septiembre de 2020

Fire Dragon, el primero que tuvo un lugar en mi Fortaleza de la Soledad. Recuerdo haberlo armado en poco tiempo (11 horas con 50 minutos). Todos los detalles en las alas del dragón ayudaron a identificar la posición de cada pieza.

La historia de este dragón y su reflexión son bastante interesantes y en un día como hoy cumplen su cometido. Pero para poder explicarla, debo contar otra historia primero. En mi cuarto se encuentran los oleos. Hay uno que me regaló una persona, simplemente porque se lo regalaron y no le gustan. Yo lo acepté gustoso. Es un bello oleo de Venecia; 1500 piezas. Probablemente es el rompecabezas que más tiempo me ha tomado armar (28 horas con 3 minutos), al menos en el rango de mil a dos mil piezas.

El detalle es que la caja sellada sólo contenía 1499 piezas. Las personas que lo han visto siempre me hacen el mismo comentario: “Le falta una pieza. ¿Por qué no se la dibujas?”. Todas las mañanas que lo miro al despertar, yo no noto que le hace alta una pieza. Yo contemplo el compromiso y el esfuerzo invertidos en colocar 1499 piezas en su lugar y, al mismo tiempo, es un bonito recordatorio de que a veces hay factores completamente fuera de mi control que impedirán que logre obtener el objetivo final, pero eso no demerita esa dedicación por poner todo lo que estuvo en mis manos y acercarme lo más posible a ese objetivo. Para mí, eso es digno de exponerse con satisfacción.

El caso del dragón es el recordatorio de que cuando soy imprudente y descuidado, soy yo quien causa el daño e impide que alcance el objetivo final. Porque en ese caso, fui yo quien perdió las cinco piezas que hacen falta en su cola. Ese dragón me recuerda que es importante reconocer mis errores y que los fracasos, cuando se exhiben con humildad, también sirven de inspiración.

Día 20. 22 de septiembre de 2020

Día 21. 23 de septiembre de 2020

Hace más de dos años atrás tenía una taza favorita que utilizaba todo el tiempo. Era una taza especial porque fue el último regalo de año nuevo que recibí. Pero un día se tuvo que ir. Decidí comprarme una taza en un intento por llenar el espacio vacío en mi alacena… y en mi corazón. Fue entonces cuando esta hermosa taza me encontró. Irónicamente, casi no la utilizo y la razón es porque casi no uso tazas. Además de que suele ser un poco complicado lavarla.

Pero lo importante es que estos dragones custodian la cocina y es una bella forma de recordar. Quizá sólo es que sigo esperando a que su compañera vuelva a estar en mi alacena y podamos disfrutar aquel chocolate que nos prometimos y jamás ocurrió.

Día 21. 23 de septiembre de 2020

P.S.: I love you